martes, 13 de octubre de 2009

Palabras de una persona, ideas y sueños de dos...

Eran los dos caminos, uno donde encontrábase el señor mirándome, fijamente a los ojos... muy poco profundo; y por el otro no había nadie.

Nadie, que quisiera poder contemplar en un minuto, lo que ella pensaba

Pobres, pobres de corazón. Uno sólo me miraba y los otros no me escuchaban.

Mas desde las sombras, tras los colores marchitos de otros ojos, había uno que deseaba poder escuchar, aunque ni siquiera el sonido de su voz, de su propia voz conocía

Y el hombre me vigilaba con la mirada, pero no buscaba nada, sus ojos no hablaban, la comunicación terminaba cuando empezaba. Por el otro lado, nadie levantaba el rostro, sus intereses estaban lejanos a contemplarme.

y me sumía en mi, en mi pensar y en lo que mi corazón una vez dijo, mas aunque sabia que estaba yo, ahí sin ser oída, aquel que con su mirada mantenía viva la ilusión se acercaba lentamente a mi lado, tratando de oír hasta el ultimo respiro que mi vida perdía cada minuto.

Era difícil decidir, todo me parecía llanamente vacío, pero ese era mi mundo, entre todo lo malo, había un camino menos malo que otro. Estaba el individuo que parecía acecharme en todo momento. Y los otros... los otros que no querían verme, tampoco oírme.

Pensé muchas veces en tomar aquel camino, en el cual nadie me veía, en el cual nadie me oía, pero había algo en él, en aquel que fijamente me miraba, algo que me decía, que tal vez en esta oportunidad todo seria contrario al usual de la vida, y aquel que fijando sus ojos en mi pensaba y no decía nada, pudiera cambiar el camino, y mostrar ante mis ojos que había otro posible.

Él me engañaba, mi más embustero ser de este mundo, no mentía con palabras, ni con hechos. Su mirada poco profunda era su delito perfecto, una falsedad que no entendí... hasta ahora. Me miraba con un vacío estremecedor: mientras sentía.

Claro que sentía.

No logre ver mas allá de esos ojos, de su vacío, de su mentir y eso me produjo tristeza, no lograba entender como él, aunque no fuera como aquellos que cerraban sus oídos y sus ojos era mas cruel. Ya que al mirarme causaba en mi dolor y pena. Tanto fue aquello que me provoco, que me hizo tomar el otro camino, en cual a oídos sordos del mundo seguía mi paso, pero ahí vi que aquellos que mantenían sus oídos cerrados, no era para no escuchar, sino, que entendía que no existe nada mas bello que el silencio y a veces por miedo no lo entendí, allí aquel que me pareció una vez ajeno, me miraba de frente, y no era lo mismo que antes, este de oídos cerrados al mundo, sabia como escuchar mi interior

Y pues sí, sigo pensando que fue difícil decidir.

Pero no me arrepiento de ese camino.

(Este texto conserva el formato original donde fue escrito, solo se corrigieron las faltas de ortografía. Vivianne y José, autores)

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